miércoles, noviembre 07, 2007

Caballos de fuerza


No tomo pastillas. No tengo problemas para dormir así que prescindo de ellas. Pero tampoco necesito pastillas para dejar de pestañear, esas que tomaba mi compañera de teatro. Pobre Marta decíamos los actores abrazados mientras ella improvisaba con la fuerza de Discépolo una escena que todos querían terminar en la cama. Cuando sos actor y estás improvisando querés que la escena termine en la cama. Una cama virtual aunque sea. Que te permita besar a tu compañera. Por lo menos abrazarla y sentirle los pezones duros.
Eso cuando sos Actor.
Marta y yo tuvimos varias escenas de mucho abrazo. Pero no sentía nada. Pobre Marta, decían cuando me sacaba la camisa del personaje. No pestañeaba, ¿viste? Te juro que no me di cuenta, siempre contestaba. Era cierto. No me daba cuenta.
Un día nos tocó hacer de gusanos. Veinte actores y actrices tirados en el piso hablando como niños de nueve meses y tirándonos encima del otro. La maestra de teatro nos obligaba a babearnos y en apenas dos minutos era un enchastre un poco asqueroso, un poco excitante. No lo pude evitar, me di cuenta, y a cada una que se sorprendía se lo aclaraba. No lo puedo evitar, decía encima de ellas. Algunas lo miraban, otras no decían nada y cerraban los ojos, Marta ni pestañeaba y los chicos estaban en la misma que yo así que había una lujuriosa comunidad de babas y abrazos que nos iba excitando cada vez más. Casi siempre la maestra se daba cuenta y cambiaba el ejercicio. Otras veces no se daba cuenta y sucedían cosas muy extrañas.
Una vez de gusanos, Marta se quedó encima mío. Era la tercera vez que pasaba debajo de ella y justo cuando quedamos pestaña con pestaña, la maestra de teatro pidió un minuto para aclarar un punto: respirar, mientras gusanos, era más que importante; controlen la respiración, chicos.
Ya lo sabíamos. Ya lo había enseñado antes. Por alguna razón lo quería repetir.
Controlar la respiración o concentrarse en la manera en que el diafragma se expande y contrae te obliga a llegar adentro tuyo. Como si te metieras en un tubo dentro del cual no podés girar. Entonces, te pueden estar sacudiendo la gallina o enfocando con un tacho de 10 mil charlie watts que no vas a sentir absolutamente nada. Cachetazos, empujones, golpes, gritos, llanto; nada te afecta. Hay un objetivo que lo supera todo, controlar el diafragma. A veces, tampoco necesitás pestañear.
Como Marta. Pero a Marta la ayudaban las pastillas. Y pestaña con pestaña pude ver cómo eludía ese ejercicio muscular. Encima mío, después de tres veces, estábamos conectados por las pestañas y por el rincón del abasto, ahí donde se filtra la humanidad. Casi en forma de tijera nos miramos fijo cuando recomenzó el ejercicio y sin pestañear me empezó a mirar los labios y los ojos frenéticamente, como si hablaran a otro ritmo que su cuerpo, encerrada en su cuerpo, prisionera de su cuerpo. Una ligera vibración provocó que la tijera se empulpara y todo empezó a confundirse. Los gemidos se ocultaron entre los balbuceos de bebés con cuerpos de actores. Las caricias que Marta empezó a darme perdieron protagonismo cuando me asusté al verle los ojos tan pero tan fijos, al ver que no pestañeaba, al ver que su cuerpo la encerraba, que su cerebro no dominaba su cuerpo.
Marta me das miedo, pensé. La frase sonó dentro de una cueva fría. Húmeda. Cueva peligrosa de marea alta. No pude evitar el gozo aunque fue una mezcla de miedo y excitación lo que me provocó un breve espasmo que Marta aprovechó para abrazarse, para no soltarme desde los hombros, para arañarse a mí... y acabar en un silbido.


*Publicado en el 1º Revista La Quetrófila
*Leído el 20 enero 2008 en la Biblioteca
Nacional de Santiago de Chile

1 comentario:

valeria dijo...

Muy bueno!
Esas cosas que pasan en teatro...como una zona franca o un delirio así. La gente tiene otros permisos, OTROS.
Lo del diafragma, casi siempre, es como una excusa para no exitarse...no? eso me parecia a mi. como un método.
Yo una vez con la Lutzky, fuimos las nubes de Aristófanes. Cosa de no creer. Nadie se calentó (OVBIO) con aristofanes. pero que papelón.