El domingo cumplí años.
Así que el sábado a la noche me armaron una fiesta en casa.
Y vinieron todos después de las doce.
Pero a las once y media cenaba solo en la*casalista*para*la*joda. Y mientras morfaba un asado para una persona de 20 points, leía el número 4 de Pisar el Césped. Un cuento de Marcelo Cohen.
Hasta que sonó el teléfono.
-Hola...
-...
-Hola...
-... / corte
Y yo pensaba pero qué mierda. Y seguí con mi lectura, cinco minutos más.
Hasta que sonó de vuelta el teléfono.
-Hola...
-...
-Hola...
-... / corte
Pero qué pelotudx, para qué llama si no habla.
Y así dos veces más. La misma situación. A la cuarta vez me sacó porque no podía comer, no podía leer, no podía concentrarme en pensar quién vendría a la joda, quién no traería regalos, quién no traería alcohol, quién no traería porro...
Y volvió a sonar, por quinta vez, el celular, llamada desde zona oeste, característica 0220.
Y sin decir agua va, antes de atender, agarré la revista Pisar el Césped, en cualquier página, murmurando a mí no me vas a cagar, pelotudx...
Y empecé a leer.
Un cuento que se llama Charrúa II de Alejandro Caravario.
A los gritos, en la casa vacía, mientras el asado se enfriaba, mientras sonaban tambores africanos en el equipo de audio, mientras los primeros borrachos venían a la fiesta del cumpleaños yo leía un cuento a una persona por mi celular.
Y leí 4 páginas.
Fueron 5 minutos 9 segundos de lectura, según el cronómetro de mi samsung 495.
Lo que me pareció más divertido fue que mientras leía veía que estaba llegando al final y que tendría que surgir una obligada charla porque no me había cortado. Una forma de levante interesante, me dijeron cuando lo conté.
-Llamás a una mina y le leés un cuento. Después le contás quién sos.
-Pero me llamaron a mí.
-Lo mismo da.
Entonces era leer en voz alta, interpretar suelto de cuerpo, deambulando por toda la casa, sin timidez, sin saber a quién le estoy leyendo y revisando, cada tanto, que no me corte.
Hasta que llegué al final del cuento. Me di cuenta porque decía
(continuará)
Y me quedé helado un micro segundo hasta que dije
-¡Charrúa II de Alejandro Caravario! Revista Pisar el Césped.
Y corté yo como haciendo la zeta del Zorro.
No volvió a llamar.